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Serie de Delegación. Capítulo 4: ¿A quién delegar?

La respuesta parece obvia: Se debe delegar a quien esté capacitado para hacer el trabajo.


Alberto se había graduado en la escuela secundaria con excelentes notas, pero no pudo ir a la universidad por falta de recursos. Se empleó como mensajero interno en una empresa petrolera y su trabajo era monótono, pero él lo hacía con mucha dedicación y entusiasmo. Un día el supervisor le solicitó un trabajo para el cual él no estaba preparado. Alberto tenía dos posibilidades: Decirle al supervisor que no estaba capacitado para ese trabajo o aceptar el reto e ingeniárselas para cumplirlo. Él optó por la segunda, solicitó ayuda a sus compañeros, aprendió lo que había que aprender y dos semanas después, según lo acordado, entregó el resultado de su trabajo. Ese fue el inicio de una exitosa carrera profesional para Alberto, quien aceptaba todos los retos que le asignaban, fue adquiriendo nuevas destrezas y eventualmente recibió una beca para realizar sus estudios universitarios. Alberto me cuenta su historia, desde su posición de gerente en esa misma empresa, y me afirma que, en retribución, él usa la delegación como un medio para descubrir potencialidades entre sus subordinados. A veces no funciona, me dice, pero cuando lo hace puede obrar milagros.


Existe el falso concepto de que la delegación solo sirve para «ahorrar» tiempo a los supervisores. Este, efectivamente, es uno de los principales motivos para delegar ya que su uso correcto deja tiempo disponible para dedicarlo a asuntos más importantes.


Todos tenemos un nivel de competencias de acuerdo a nuestros estudios y experiencia. Si nuestro trabajo nos exige que trabajemos a ese nivel, o por debajo de él, corremos el riesgo de estancarnos e incluso retroceder. La única manera de avanzar consiste en realizar trabajos que estén por encima de nuestras competencias actuales, lo cual nos obliga a adquirir nuevos conocimientos y destrezas. Un buen supervisor usa la delegación para lograr que sus subordinados mejoren su desempeño. Por otra parte, un empleado proactivo, con visión de futuro y motivación, se atreve a solicitar que le asignen funciones que van más allá de su nivel actual de competencias y se empeña en ejecutarlas con solvencia.


Si Alberto se hubiera decidido por la primera opción habría perdido una excelente ocasión para progresar. Si su supervisor no le hubiera lanzado el reto, también habría perdido la oportunidad de «descubrir» un talento que estaba allí, solo esperando su momento.


Todo supervisor tiene a su cargo un grupo de seres humanos, con sus virtudes y sus defectos, pero todos con unas potencialidades que ellos muchas veces no saben qué poseen. La delegación, con el adecuado control que trataremos en otra entrada, es un medio muy poderoso para descubrir nuevos talentos y brindar oportunidades de mejora que al final repercutirán también en el éxito de quien delega.


Recuerda: Cuándo delegues, toma en cuenta no solo las competencias de tus subordinados. También puedes hacerlo para descubrir y desarrollar nuevos talentos en tu equipo de trabajo.



Autor Gustavo Yepes Coach. Conferencista. Experto en Gestión del tiempo Aliado de "Y eso, ¿cómo se come?" en Hyggelink

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