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Serie de Delegación. Capítulo 5: Si no puedes controlarlo, no lo delegues

Renato se sintió muy bien cuando se jefe le delegó una nueva responsabilidad. Era una forma de demostrar que estaba hecho para más y tomó la asignación con mucho entusiasmo. Quedaron que entregaría un informe al cabo de un mes y comenzó a dedicar parte de su tiempo a su nueva asignación. Dos días después, su jefe lo llamó para saber cómo iba todo, revisó el avance, le dio unas recomendaciones y la escena se repitió desde entonces a diario. Lo que más frustró a Renato del proceso fue que no tuvo un espacio para desarrollar el trabajo a su ritmo sino mediante una presión que le produjo mucho estrés.


El título de este episodio representa uno de los principios básicos de la delegación. Hay supervisores que acostumbran delegar tareas y nunca se ocupan de saber si fueron hechas o no. En este caso, es posible que muchas de ellas no se realicen o sean de mala calidad y en algún momento se notarán las consecuencias. Por eso, es importante que todo lo que se delegue se controle.


El asunto está en el grado de control que se debe ejercer y esto debe quedar muy claro en el momento de delegar. En el caso de Renato, es evidente que no se acordó previamente y el supervisor ejerció un control muy severo, lo cual afectó negativamente el proceso.


Hay momentos en que la delegación se hace a un empleado de plena confianza. El supervisor sabe que tiene las herramientas y los conocimientos para hacer un buen trabajo con poca supervisión. En este caso, es aconsejable que se establezca un mecanismo de control al final del proceso, quizás una reunión de seguimiento previa, y con esto basta. Hay otras situaciones en los cuales se delega una asignación a un empleado que se está desarrollando, en cuyo caso hay que acordar mecanismos de control previamente acordados. Un ejemplo podría ser que el supervisor acordará una reunión periódica convenida para revisar el avance del trabajo y permitir que el colaborador desarrolle el mismo sin interferencias. En esas reuniones se puede revisar el avance y la calidad del trabajo, hacer los ajustes del caso de ser necesarios y esto permitirá que el colaborador salga fortalecido y el trabajo cumpla con los estándares de calidad apropiados. Todos ganan durante el proceso.


Recuerda: Cuando delegues, controla. El grado de control depende de cada caso en particular, pero debe hacerse de forma previamente acordada y teniendo en mente tanto la calidad del trabajo como el respeto hacia el colaborador.


Autor Gustavo Yepes Coach. Conferencista. Experto en Gestión del tiempo Aliado de "Y eso, ¿cómo se come?" en Hyggelink


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