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Serie de Delegación. Capítulo 7: ¿Para qué delegar?

Esta pregunta se la hacía Tomás a raíz de una recomendación de su jefe: “Tomás, debes aprender a delegar”


En los episodios anteriores hemos tocado este tema tangencialmente y ya es momento de abordarlo. La respuesta a la pregunta que se hace Tomás es fundamental para que podamos aprovechar todos los beneficios de la delegación exitosa.


Para quienes consideramos que el tiempo es el recurso más valioso del cual disponemos, la delegación es una excelente oportunidad para tener más tiempo útil. Quizás lo más relevante de esta afirmación sea el uso que le demos a esos espacios de tiempo que abrimos y la respuesta es obvia: “Para dedicarlo a los asuntos más importantes”. Todas las otras razones que mencionaremos deben estar precedidas por esta premisa.


Una razón fundamental para delegar consiste en brindar oportunidades de aprendizaje y crecimiento a nuestros colaboradores. Nadie nace aprendido, es una frase muy trillada pero muy cierta y la mejor forma de aprender es haciendo. Todas las personas tenemos un nivel de conocimientos. Si nuestro trabajo habitual está por debajo de ese nivel nuestro desarrollo se ve truncado e incluso va en retroceso. Si está al nivel de nuestros conocimientos, nos estancamos. La única forma de desarrollarnos consiste en aprender y en realizar nuevas tareas que están por encima de nuestro nivel actual. Cada vez que delegamos una nueva tarea a un subordinado, le estamos dando esa oportunidad y contribuimos a su desarrollo.


Otra razón tiene que ver con la motivación, aunque es importante mencionar que un supervisor realmente no tiene la capacidad de motivar a sus colaboradores sino de presentarles opciones para que ellos mismos lo hagan. Un subordinado que desea desarrollarse sabrá apreciar las nuevas oportunidades que se le brinden y hará lo posible por quedar bien.


Evaluar las potencialidades de nuestros colaboradores es otra importante razón. En muchas ocasiones no conocemos hasta dónde son capaces nuestros colaboradores si no los ponemos a prueba. Delegar nuevas tareas, con el apropiado control según vimos en un episodio anterior, puede brindarnos sorpresas muy agradables. Generalmente delegamos cuando sabemos positivamente que el colaborador está en capacidad de hacer el trabajo. Sin embargo, hacerlo sin esa certeza, con el apropiado control, insisto, puede hacer que descubramos potencialidades que a lo mejor el mismo colaborador no sabía que tenía. Esto último lo digo por experiencia personal.


Comencé a trabajar a los 19 años y al poco tiempo mi supervisor me asignó una tarea muy importante que disparó mi carrera profesional. Eso siempre lo agradecí e intenté aplicarlo durante mi carrera gerencial con bastante éxito y uno que otro intento fallido.


Recuerda. No delegues solo cuando no tienes tiempo para hacer una tarea. Trázate un objetivo, alineado con las razones que hemos mencionado, planifica y luego delega. Te aseguro que te llevarás agradables sorpresas y tendrás más tiempo disponible para dedicarlo a asuntos más importantes que requieren de tu atención.



Autor Gustavo Yepes Coach. Conferencista. Experto en Gestión del tiempo Aliado de "Y eso, ¿cómo se come?" en Hyggelink

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