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Solidaridad y liderazgo

Actualizado: 21 ago 2023


Considerando la solidaridad como un valor humano que se hace evidente cuando, especialmente en situaciones difíciles, nos adherimos o apoyamos a una causa o al interés de otros para lograr un fin común, el ejemplo que sirve de marco a este artículo, me llegó «como anillo al dedo».


Porque un ejemplo siempre transmite mejor el mensaje que muchas palabras. Esta es una máxima que aplica también en la educación de nuestros niños, o la de adultos, indistintamente: «educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única». Por ello, me baso en «El Ejemplo», porque será el pilar de este escrito.


En el libro del que soy coautor, Y eso, ¿cómo se come?, al desarrollar mi competencia, señalé que la solidaridad es un «catalizador» que cada día es más necesario en el mundo empresarial, porque el líder que decide tenerla como valor, es porque quiere crecer y volverse lo suficientemente experto para hacer crecer a los demás.


Porque la solidaridad es eso: Es la convicción de que haciendo crecer a los demás se crece personalmente. Por ello es que cuando se ve como una actitud «altruista», sólo reservada para personas «especiales» o «iluminadas», se pierde el elemento que lo hace accesible a todo aquel que tiene un interés personal en el asunto, porque «el fin común» al que me referí al principio, me incluye.

«Te ayudo a que me ayudes» es la manera en que la niña del ejemplo, marco de este escrito, ayuda a que su equipo obtenga la victoria en la regata. Lo logra, porque al perder el remo, debido a que estaba conectada con el valor de la solidaridad, eso la hizo pensar, de manera automática: «si estoy sin remo, mi herramienta fundamental en esta competencia, ¿cómo puedo hacer para ayudar al equipo a ganar?». ¡Y lo hizo!


Porque en una regata, o en cualquier situación donde se requiera la participación de un equipo, el líder no es sólo el que dirige el ritmo del resto de los remeros, sino que son todos, incluido el timonel; son todos sin excepción, porque cada uno, con su participación, hace que el equipo logre la victoria; o de manera general, que logre el objetivo.


Y ¿cómo instaurar en nuestra mente el hábito de la solidaridad? Considero que la manera es empezando con el ejemplo. Un buen comienzo podría ser no esperar a que aparezca alguien para alabarlo por «lo solidario que es», sino actuar de manera personal. También podría lograrse evitando considerar que ser solidario es «ser bueno, de esos que van al cielo»; porque evitando pensar de esa forma, colocaríamos la solidaridad «al alcance de todos». Mi propuesta se apoya en lo que indiqué antes; y se asocia con «El Bien Común», ese que me incluye.


Por ello, invito a todos los amables lectores a comprometerse, desde hoy, a crear o reforzar el hábito de la solidaridad. Soló necesitarán dos meses de acción continua. ¿Cómo hacerlo? Ejercitándose en acciones de este tipo:

  1. Siendo asertivo al detectar errores en sus colaboradores. El «castigo ejemplarizante» es lo opuesto a la asertividad

  2. Escuchándolos, no solo en los problemas inherentes al trabajo, sino en los personales teniendo en cuenta, por supuesto, el equilibrio; muy necesario en todo

  3. Saliendo del estereotipo del jefe «no me traigas problemas, sólo soluciones» al líder «soy parte del equipo»

  4. Fomentando la tolerancia a la frustración. Cuando las cosas no van bien en un proyecto o en una actividad laboral en general, es cuando la presencia del líder es fundamental

  5. Promoviendo las labores comunitarias en el ámbito empresarial, donde todos los miembros participen haciendo, cada uno, lo que más le gusta hacer

  6. Propiciando la productividad en el trabajo y el uso eficiente del tiempo (ver la competencia Gestión del Tiempo en nuestro libro). Ambas cualidades no sólo funcionan en el trabajo sino en la vida en general.

Finalmente, considero que la solidaridad es un valor que mejora la convivencia y la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general. Si cada vez más empresas se unen a la propuesta de fomentar la solidaridad a lo interno, podremos tener, en un futuro cercano, un mundo mejor. Recuerda: si te ayudo a que me ayudes, todo ganamos 😉


Gracias por tu tiempo.



Autor

Arnaldo González Graterol

Autor de la competencia Liderazgo de personas y equipos en el libro "Y eso, ¿cómo se come?"

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