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La multitarea: ¿Una ayuda o un obstáculo?

Actualizado: 12 mar

En un mundo donde la prisa se ha convertido en el ritmo constante de nuestras vidas, la multitarea parece ser el salvavidas al que nos aferramos desesperadamente. Nos convencemos de que realizar múltiples tareas simultáneamente nos convierte en superhéroes de la productividad, capaces de conquistar cualquier desafío laboral que se nos presente. Sin embargo, ¿qué tan cierto es este mito de la multitarea?

En mi reciente encuesta publicada en LinkedIn, un 33% de los participantes opina que la multitarea mejora la productividad o no tiene ningún impacto sobre ella. Por otra parte, la mayoría considera que la disminuye y un participante citó una frase que escuchó en un programa de formación en el MIT:

«La multitarea es la mejor forma de asegurar que dos o más tareas se hagan mal».

Imaginemos a Rocío, una ejecutiva ocupada que cree dominar el arte de la multitarea. Mientras habla con sus clientes por teléfono, se sumerge en el mundo digital escribiendo correos electrónicos. Para Rocío, esta práctica parece eficiente, una forma de exprimir cada segundo al máximo. Sin embargo, detrás de la apariencia de eficiencia, la realidad es otra: la multitarea le roba TIEMPO y CALIDAD a su trabajo.

La verdad es que, aunque la multitarea pueda ofrecer una sensación temporal de eficiencia, su costo real es mucho más elevado. ¿Cuánto tiempo le roba esta práctica a Rocío y a quienes se aventuran por el tentador camino de la multitarea? Entre un 20% y un 40% adicional, según estudios reveladores. La multitarea se presenta como una ladrona astuta que arrebata minutos preciosos y los convierte en horas perdidas.

Y no solo eso, los estragos de la multitarea van más allá de la pérdida de tiempo. Rocío descubre, con amargura, que su trabajo sufre, que sus correos electrónicos están plagados de errores y que sus clientes comienzan a sentirse frustrados por su falta de atención y concentración. La multitarea, disfrazada de aliada, se revela como una enemiga astuta que socava la calidad y la eficacia del trabajo.

Pero, ¿por qué caemos en las garras de la multitarea? Quizás sea porque vivimos en una era de constante conexión, donde la información fluye sin descanso y la presión por hacer más en menos tiempo nos abruma. En este cúmulo de exigencias, la multitarea se presenta como la respuesta aparentemente perfecta, una tabla de salvación en un torbellino de responsabilidades. Sin embargo, es hora de desenmascarar el mito y reconocer la multitarea por lo que realmente es: un espejismo de eficiencia que nos aleja de la verdadera productividad.

La neurociencia, con su mirada penetrante, nos revela los secretos oscuros de la multitarea. Ha descubierto que el cerebro humano, maravilla de la evolución, no está diseñado para realizar múltiples tareas de manera eficiente. Cada cambio de enfoque, cada transición entre tareas, agota nuestros recursos cognitivos y nos deja más vulnerables al estrés y la fatiga mental.

Pero no todo está perdido. La neurociencia también nos brinda una guía para navegar por las aguas turbulentas de la multitarea. Nos enseña que, si bien hay situaciones donde la multitarea puede ser menos perjudicial, como en tareas simples y automáticas, debemos ser conscientes de sus riesgos y limitaciones. La clave radica en reaccionar proactivamente, en reconocer cuándo la multitarea es apropiada y cuándo es una trampa peligrosa.

Entonces, ¿qué podemos hacer para liberarnos de las cadenas de la multitarea? La respuesta yace en la simplicidad de la atención plena y la focalización en una tarea a la vez. Al adoptar prácticas que fomenten la concentración y la gestión eficiente del tiempo, podemos encontrar el equilibrio deseado entre la productividad y el bienestar mental.

Para aquellos que deseen desafiar el mito de la multitarea, aquí hay algunas estrategias prácticas:


  1. Priorización consciente: Identifica las tareas más importantes y concéntrate en completar una a la vez. Usa la visión sistémica de la matriz de prioridades.

  2. Establecimiento de límites: Dedica bloques de tiempo específicos a cada tarea y elimina las distracciones que puedan interrumpir tu enfoque.

  3. Prácticas de atención plena: Consagra unos minutos al día a la meditación o la respiración consciente para calmar la mente y aumentar la capacidad de concentración.

  4. Delegación inteligente: Aprende a confiar en tu equipo y delega responsabilidades cuando sea posible, liberando así tu carga de trabajo y permitiéndote enfocarte en lo esencial.

En última instancia, recordemos que la multitarea es tentadora, pero su promesa de eficiencia y productividad es un ardid. Optemos por la calidad sobre la cantidad, la atención plena sobre la dispersión, y descubramos así el verdadero poder de la concentración en nuestras vidas personales y profesionales.

Es hora de dejar atrás el mito de la multitarea y abrazar la verdadera productividad con corazón, mente y alma.


Autor

Gustavo Yepes

Accountability Partner. Conferencista. Experto en Gestión del tiempo

Aliado de "Y eso, ¿cómo se come?" en Hyggelink

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